Si ya teníamos el mejor sistema de salud del mundo… ¿qué es lo que van a rescatar?
La presidenta Claudia Sheinbaum anunció esta semana una inversión para adquirir miles de camas hospitalarias y aseguró que «se acabó el abandono al sistema de salud».
La noticia, por supuesto, es positiva.
México necesita más infraestructura hospitalaria. Cualquier inversión destinada a mejorar la atención médica debe ser bienvenida.
Pero las declaraciones de la presidenta dejan una pregunta que resulta imposible ignorar.
Si el sistema de salud estaba abandonado, ¿qué pasó con el sistema de salud que heredó su propio movimiento?
Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador escuchamos en repetidas ocasiones que México tendría un sistema de salud mejor que el de Dinamarca. Incluso, en un evento masivo realizado en el Zócalo de la Ciudad de México, el entonces presidente aseguró que nuestro país contaba con «el mejor sistema de salud del mundo».
Esas no fueron frases de la oposición.
Fueron declaraciones del propio gobierno.
Por eso las palabras de la presidenta llaman tanto la atención.
Porque si hoy reconoce que existía abandono, implícitamente está aceptando que la situación no era tan buena como durante años se aseguró desde Palacio Nacional.
Y esa contradicción merece ser señalada.
Lo segundo que también llama la atención es el alcance de la estrategia.
Comprar camas hospitalarias es una buena noticia.
Nadie podría oponerse a ello.
Pero el sistema de salud mexicano enfrenta problemas mucho más profundos.
Hay hospitales que necesitan una remodelación urgente.
Existen regiones donde hacen falta nuevos hospitales y centros de salud.
Miles de médicos, enfermeras y trabajadores del sector llevan años demandando mejores condiciones laborales.
Y millones de pacientes siguen enfrentando el problema más recurrente de todos: el desabasto de medicamentos y la falta de equipo médico.
Las camas son importantes.
Pero por sí solas no curan pacientes.
Un hospital necesita personal suficiente, medicamentos, quirófanos funcionales, tecnología, mantenimiento y recursos para operar todos los días.
La salud pública no se resuelve únicamente comprando mobiliario.
Se fortalece invirtiendo en todo el sistema.
Quizá el aspecto más interesante de este anuncio no sea la compra de camas.
Sino que, una vez más, la realidad parece imponerse sobre el discurso.
Durante años se insistió en que el sistema de salud mexicano ya era un ejemplo para el mundo.
Hoy el propio gobierno reconoce que había abandono y anuncia medidas para corregirlo.
No tiene nada de malo reconocer que existen problemas.
Al contrario.
Ese suele ser el primer paso para resolverlos.
Lo importante ahora será que esta inversión no se quede únicamente en camas nuevas.
Que también lleguen los medicamentos.
Que se construyan y remodelen hospitales.
Que se fortalezca al personal médico.
Y que los pacientes dejen de recorrer varias farmacias buscando un tratamiento que debería estar disponible desde el primer momento.
Porque una cama nueva siempre será una buena noticia.
Pero un sistema de salud digno necesita mucho más que eso.
Y quizá esa sea la mayor enseñanza de este anuncio: por más que un gobierno intente defender el discurso del pasado, la realidad siempre termina imponiéndose.










